jueves, 5 de marzo de 2009

Un “test” para clasificar el funcionamiento de la Consciencia individual




En esta mañana que está lluviosa y cenicienta, voy a seguir haciendo, sobre la marcha que iniciamos la semana pasada, algunas aportaciones y elucubraciones que pueden ser interesantes para comprender, según los principios del Psicoanálisis, la organización funcional de eso que hemos llamado el sistema Consciente, y también de sus perturbaciones.

El test de Jung sirve de instrumento para analizar los parámetros de nuestra autoconsciencia, las disposiciones fundamentales de nuestro Consciente personal.
Es una técnica introspectiva para comprender la personalidad del individuo, su modo específico de comportarse, su modo singular de procesar las experiencias y de orientar sus energías vitales (libidinales, diría Freud) en su encuentro adaptativo con el mundo.

Para Jung ese Consciente estaría constituido por dos disposiciones predominantes y por cuatro funciones específicas que orientan y procesan nuestras experiencias individuales.

Las dos disposiciones fundamentales son: la Introversión y la Extraversión, que ya configuran dos tipos definibles de ser y estar en la vida: el de personalidad introvertida y el de personalidad extrovertida, según mantenga una autoconsciencia más directamente en contacto con el mundo interno y subjetivo, con las repercusiones que la realidad interior producen en él (como dentro de la caverna de Platón), o tenga la consciencia más orientada al mundo exterior en respuesta a los estímulos exteriores inmediatos.

La persona introvertida encuentra sus gratificaciones básicas y sus fuentes de interés en el interior de sí mismo, y la persona extravertida las encuentra en sus relaciones con los demás y con el medio. El extrovertido ve las cosas de afuera, el introvertido se ve a sí mismo. El introvertido es más especulativo, el extravertido más práctico. El extravertido más resolutivo, el introvertido más dubitativo.

Y las cuatro funciones, como ventanas del sistema consciente, desde donde vemos la realidad y a nosotros mismos, desde donde recibimos los estímulos interiores y exteriores a nosotros y procesamos las experiencias, son : La Percepción, la Intuición, el Sentimiento y el Pensamiento.

Es decir: tomamos consciencia de nosotros mismos en la existencia y de la realidad exterior percibiendo, intuyendo, sintiendo (afectándome) y pensando.
-Desde la ventana perceptiva tengo consciencia, por ejemplo, de que aquí hay algo, percibo una forma, un color, un olor, un ruido;
-con el pensamiento digo que es un perro, lo identifico con cuadrúpedo canino de raza boxer (por ejemplo);
-el sentimiento me induce a expresar complacencia, qué bonito; y
-con la intuición conozco que me puede morder y me acerco con cuidado.

En todas las personas operan las cuatro funciones en la toma de consciencia de la realidad, exterior o interior, aunque en cada persona individual algunas funciones predominan sobre otras, determinando ocho tipos de personalidad o modos de estar en la existencia, según se combine su función predominante con la orientación fundamental extravertida o introvertida.
Conviene tener en cuenta que la función Pensamiento depende de la Sensación, que ya decían los antiguos “nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”.

De aquí que cuando el pensamiento se aleja excesivamente de la sensación, que es la ventana más inmediata a la realidad exterior, se pueda originar la patología autista, la patología del pensamiento introvertido sin ventanas a la realidad, y así mismo el delirio, la esquizofrenia, la psicosis.

Igualmente la pura percepción introvertida podría originar alucinaciones, y la función perceptiva unida a la función sentimiento, cuando no está mediatizada por una función de pensamiento discriminativo, podría promover esa reacción del instinto animal impetuosa e indiscriminada ante los estímulos, que es lo que caracteriza a la psicopatía (que en la clasificación nosológica actual se inscribe en el cuadro llamado patología bordeline)

La neurosis supondría un proceso deficiente y desproporcionado de la reacción afectiva, la función sentimiento, frente a la percepción, con desactivación de la función discriminativa del pensamiento (hipocondría, fobia, depresión vital, distimia...).

La psicopatía se origina por descontrol de los impulsos instintivos.
La neurosis, por desajuste de la afectividad y desproporción de las reacciones emocionales.

Sin embargo, el aprovechamiento de la función perceptiva con el refuerzo de la intuitiva facilitaría el pensamiento divergente, base de la creatividad.

Los filósofos antiguos hablaban del conocimiento por connaturalidad, que supone una asimilación afectiva del objeto del conocimiento, de los datos de la percepción elaborados por el pensamiento.
Se le llamaba también conocimiento interno, el que da confirmación al pensamiento de Pascal sobre las razones del corazón , o al de Saint Exupery de que sólo conocemos con el corazón, la verdad es invisible a los ojos.
Con “los ojos” se refiere al conocimiento puramente especulativo o científico, que solo se procesara por la función pensamiento, y que da origen a toda la filosofía etiquetada como Racionalista. Ese, por ejemplo, “teórico de la castidad que no es casto” sobre el que reflexiona Santo Tomás de Aquino. Y piensa también Santo Tomás que la voluntad es una facultad indesligable del conocimiento, de la función pensamiento.


Pero distingue Santo Tomás entre voluntad electiva y voluntad afectiva, y a ésta la define como la facultad psíquica que dirige tenazmente los propios deseos a los propios intereses y valores, objetivamente conocidos y asimilados, y afectivamente interiorizados y amados. En definitiva es lo que hoy se entiende por Inteligencia emocional, en cuanto que la actividad rectora es la inteligencia, organizadora de la acción voluntaria, reforzada por la afectividad y dirigida al objetivo final de plenitud emocional, la Felicidad.

miércoles, 25 de febrero de 2009

¿Cuándo se forma el Consciente?


El aire fresco de esta maña tiene ya sabor y aromas de anticipada primavera…

Podría añadir a la micro-lección de la semana pasada alguna reflexión sobre el desarrollo ontogenético y filogenético de esta función operativa llamada en psicoanálisis Sistema Consciente.

Cómo se origina en cada ser (que es la ontogénesis) y cómo se ha originado en la evolución de la especie (que es la filogénesis).
La formación ontogenética de la Consciencia

La formación ontogenética del Consciente, que se va realizando a través de la consciencia psicológica, supone un proceso de elaboración de información, tanto de la intrínseca y autopsíquica, es decir: la que proviene de las sensaciones del propio organismo, originadas en el interior de uno mismo, como de la extrínseca o alopsíquica, que proviene de estímulos exteriores.
El niño llega a la existencia, según una teoría no universalmente acordada , “tamquam tábula rasa”, como dirían los clásicos(también se piensa que el ser viene a la existencia con estructuras cognitivas básica).
Ese espacio mental, que hemos denominado Consciente, podemos considerarlo como una pantalla en blanco en la que progresiva y evolutivamente, a medida que se van recibiendo y elaborando las informaciones, se forman unas estructuras mentales que permiten la creación de modelos de conocimiento para seguir interpretando la realidad interior y exterior, y estereotipos de comportamiento para reaccionar frente a ella.
(Lo mismo se podría decir partiendo de la teoría de que el ser humano viene a la existencia con estructuras mentales básicas, genética,ente trasmitidas).

Esto precisamente es lo que fundamenta la importancia clínica del famoso Test de Rorschach, el conocido como test de las manchas de tinta. En realidad esas láminas con manchas de tinta no representan nada, pero constituyen un conjunto experimental de estímulos frente al que la persona pone en funcionamiento, en situación de prueba, sus moldes psicoperceptivos, y proyecta sus modelos de conocimiento y sus estereotipos de reacción que construyen su propia realidad y constituyen el comportamiento singular de cada persona.

Es obvio que muchas personas basan su autoconsciencia más en fantasías subjetivas sobre sí mismo o sobre la realidad, que en los datos objetivos:
En un extremo estaría el trastorno psicótico, la patología delirante de D. Quijote pensando de sí que era el Caballero de la Triste Figura perseguido por molinos de viento.
Y, sin llegar a la desviación patologica, estaría también el artista que recrea subjetivamente la realidad, como hacen los pintores expresionistas. Como ejemplo podría citar algún poema: “Hay algo que me dice / que la voz de tus ojos / es más profunda que todas las rosas / Y que nadie, ni siquiera la lluvia, / tiene las manos tan pequeñas”. Valga de ejemplo este precioso poema, en el que los ojos hablan, y la lluvia tiene manos, citado en una película de Woody Allen.


Formación Filogenética de la Conciencia

Filogenéticamente parece ser, según interpretan los antropólogos, que la consciencia individual se fue formando con posterioridad a una consciencia colectiva ya existente.
Es decir, que el sistema Consciente que ahora analizamos como componente de cada individuo se fue desarrollando paulatinamente a partir de un Consciente grupal, de muy larga duración filogenética, en un proceso que Jung denomina de diferenciación.
No es de extrañar, porque todavía este Consciente colectivo opera en fenómenos de masa, donde la diferenciación personal queda muy difuminada y la estimulación emocional desborda a las individualidades que la forman. Es el fenómeno “Fuente Ovejuna”.
Incluso los prejuicios personales de raza, de clase o de religión y los comportamientos que de ellos emanan, pertenecen a la participación en una Consciencia colectiva.
Una de las funciones de un fenómeno tan universal antropológicamente ncesario como es la Fiesta consiste precisamente que nos libera de los límites de nuestra individualidad y nos revincula en una consciencia recuperada de colectividad.
Hasta la próxima semana, amigos.

miércoles, 18 de febrero de 2009

TOPOGRAFÍA MENTAL


El día ha amanecido con luz clara, y con cielo sereno y navegable. He recordado unos versos de mi paisano poeta Rafael Montesinos. Más o menos dicen así: Está la mañana clara.../ Porque está clara mi alma / no porque sea la mañana. Estoy seguro de haberlo experimentado al pie de la letra. Luego leo la entrada de nuestra amiga Tánger, y descubro entre líneas todo lo que para ella, en estos momentos, significa… Un abrazo, amiga Tánger. Estamos contigo.


Vamos al tema de la Topografía de la mente:

El punto de vista TOPICO , o estructural, de la descripción del Aparato Psíquico supone una representación espacial, naturalmente figurada, del psiquismo: la palabra griega “topos”, de la que deriva el término topografía, viene a significar los campos del psiquismo, los terrenos que abarca; considerando a la Psique, al Aparato Psíquico, como constituido e integrado por tres dimensiones (o campos, o sistemas) o por tres piezas, una grande y otra pequeña, que dejan un espacio de intersección.
A la esfera pequeña, la que queda arriba, le pondré por nombre CONSCIENTE, a la esfera grande, que se sitúa por debajo, le llamo INCONSCIENTE, y al pequeño sector de intersección entre ambas esferas le llamaré PRECONSCIENTE.
Y estos son los tres campos del psiquismo, o las tres piezas que integran el engranaje del Aparato Psíquico.
***(Aquí h querido introducir el dibujo de las dos esperas, la grande y la pequeña, con la zona intermedia de intersección. No lo he coseguido. Perdonen mi impericia )


El CONSCIENTE freudiano es el órgano con el que acogemos y procesamos las experiencias (lo que percibimos, lo que vemos, lo que sentimos, lo que pensamos, lo que recordamos, lo que imaginamos, lo que nos dicen, lo que nos hacen...) para nuestro enfrentamiento con la existencia.

Es como un archivo de experiencias con las que podemos contar, primero para nuestro autoreconocimiento: sé quién soy, dónde estoy, cómo me llamo, de donde vengo, lo que me gusta, lo que me alegra, lo que me apena etc., etc... porque tengo una pieza de mi aparato mental que se llama Consciente.

Para Jung las funciones del Consciente son fundamentalmente cuatro: Sentir (recibir sensaciones visuales, auditivas, táctiles...), Percibir (configurar las sensaciones), Afectarme (sentimientos y emociones que me producen estas experiencias) y Pensar (explicación, interpretación o comprensión de lo que experimento). Es como decir que las ventanas del Consciente, con las que experimento mi-estar-en-la-existencia, son estas cuatro facultades que denominamos Sensación, Percepción, Sentimiento y Pensamiento.

Dice Freud en El yo y el ello: “La propiedad de ser conscientes es el único faro en la oscuridad de la psicología profunda”. Es como el foco iluminado que proyecto sobre mi realidad concreta y sobre mi entorno. Y lo mismo que el foco proyecta la luz, el fenómeno del Consciente, su manifestación, su epifanía, es la Consciencia.

Jung la define como “la función o actividad que mantiene en relación con el YO a los contenidos psíquicos (sensaciones, percepciones, voliciones, ideaciones, pensamientos, recuerdos…), en ese espacio tópico denominado CONSCIENTE”.
Todos los contenidos que queden fuera de esta relación directa e inmediata con el Yo serán, por definición, subconscientes.

Un tema de gran interés es la aportación de Anna Freud al Psicoanálisis: los mecanismos de defensa, que pretenden preservar la propia conciencia, la autoconciencia, de ciertos contenidos perturbadores. Estos son, entre otros, el mecanismo de Desplazamiento de la conciencia ( Hichcotk tiene películas memorables fundamentadas en este mecanismo, como Marnie la ladrona, Recuerda, etc.); el de Negación de una realidad, o de algún aspecto de ella, que no se armoniza con la autoconsciencia; el de Racionalización, que elabora una explicación que pueda ser integrable y asumible, aunque no se corresponda con la realidad; el de Proyección por el que se achaca a otras personas hechos o intenciones que uno no quiere admitir en sí mismo o se resiste a tomar conciencia personal de ellos… Hay muchos más, pero en este momento me limitaré a hacer solamente estas alusiones. Y es que, como afirma Freud, los seres humanos se ven con frecuencia sorprendidos, golpeados y movilizados por elementos mentales que no conocen, y mucho menos comprenden, elementos que ni siquiera tienen consciencia de albergar. Y es por lo que elabora, frente a estos elementos mentales, unos mecanismos automáticos de defensa y autopreservación.

Insistiré en que el auto-reconociemiento de cada persona y su auto-desenvolvimiento en el medio circundante lo realiza a través, o a partir, de la auto-consciencia.

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Qué es METAPSICOLOGÍA?

Los inteligentes comentarios de nuestra fiel amiga Tánger me han tentado a adentrarme en el tema de la Ciencia, la Sabiduría y el Mito… Naturalmente aplicados al Psicoanálisis, y entendiendo el Mito como uno de los fenómenos culturales que más nos acercan a la “aletheia” (el descubrimiento de las verdades ocultas) y a la interiorización operativa de nuestras experiencias. Pero este tema lo tenía reservado para las lecciones finales de este curso. Mejor es tener paciencia y avanzar, como también nos aconseja Tánger, en el camino, con los ojos abiertos y la mirada limpia, como los de la niña de su marcador de páginas… Y el tema que nos va a ocupar hoy es el de METAPSICOLOGIA, lo que está más allá, en los fondos de la Psicología.

Siguiendo el hilo de la lección anterior, diré ahora que, a partir de 1915, Freud empieza a redactar una serie de artículos y de textos que recogen los resultados de sus investigaciones y reflexiones bajo el título genérico de Metapsicología. Diré además que este término lo había empleado por primera vez en 1896, en carta a su amigo Fliess

Hay una referencia implícita a la Metafísica, como estudio de las causas primeras del ser, lo que está más allá de lo físico; y una analogía con la Fisiología, estudio funcional del organismo físico, que es lo que Menniger entiende analógicamente por Personología: estudio del funcionamiento psico-personal.

El núcleo, pues, de la Metapsicología es el estudio de la estructura y el funcionamiento de lo que Freud denomina, usando un término metafórico, El Aparato Psíquico. Se trata de un modelo teórico adoptado por Freud, desde la influencia mecanicista y materialista propia de la línea de desarrollo científico de su época. Le llama Aparato, construyendo una ficción mental, para designar un conjunto de elementos, de partes y de funciones organizadas y articuladas con una finalidad específica. La finalidad funcional del Aparato Psíquico es doble: Por una parte, trasmitir y transformar la energía psíquica. La excesiva acumulación energética produce displacer y la descarga produce placer. Por ejemplo, el hambre supone acumulación energética instintual encaminada a buscar su satisfacción, igual que en la excitación de energía sexual.
Añadiré que la acumulación de excitación sin una representación referencial, como vía de escape, produce la angustia. Y el bloqueo de la vía de escape sería la frustración.

La segunda finalidad funcional del Aparato Psíquico será mantener lo que se llama el Principio de la constancia: conseguir que la cantidad de excitación intracerebral se mantenga constante o a un nivel suficiente. Lo contrario daña o altera el equilibrio psico-físico. Este principio de constancia se conoció más tarde con el nombre de homeostasis.

Tengo que señalar que Freud adopta los conceptos físicos de energía, o los conceptos termodinámicos de carga y descarga, que son, como ya he dicho, los propios de las concepciones científicas de su época.

La descripción de la estructura y el funcionamiento del Aparato Psíquico nos servirá para comprender los conceptos fundamentales que componen el sistema psicoanalítico y para perfilar la imagen de la personalidad y de sus perturbaciones según la teoría psicoanalítica. Freud va haciendo esta descripción, progresivamente, desde tres puntos de vista, que él denomina: Tópico, Dinámico y Económico.

Enfrentando ya los conceptos, tengo que aclarar que La Metapsicología no pretende hacer una descripción de realidades o de entes directamente observables, ya que, como he dicho, lo inconsciente es por definición lo inobservable. Pero Freud hace, metodológicamente, una especie de ficción mental, inventando un vocabulario que permite hablar de la psique como si ésta tuviera una estructura. Como el Adán bíblico va mirando al mundo al que enfrenta y poniéndole el nombre a cada cosa, o como los grandes Descubridores denominaban los terrenos conquistados. Pero esto no es más que una metáfora, un modelo de trabajo para poder comprender y configurar verbalmente lo que investiga. Aunque sabiendo que la única manera de conocer la Psique es vivirla, endovivenciarla, igual que cuando queremos conocer una ciudad: recorrer sus calles, sus plazas, sus monumentos, “sentir” su clima, respirar su aire....No basta con mirar el mapa. Aunque el mapa, incluso tratándose de esa metafórica ciudad interior que es la Psique, sea necesario para orientarnos y llegar a conocer la ciudad.

miércoles, 4 de febrero de 2009

LOS PIONEROS

En esta mañana, que ha amanecido fría, lluviosa y desapacible, el Google se me abre con este sugerente pensamiento de Stevenson: “No pido riqueza, ni esperanza, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es un cielo sobre mí y un camino bajo mis pies”. Pues vamos a ello, a reemprender una vez más nuestro camino, abriéndonos paso por la intrincada gnoseología de Sigmund Freud.

Empezaré hoy retomando el concepto de Inconsciente con unos versos de Wordsworth: “En mi mente hay cavernas / a las que el sol nunca podrá llegar”. El Inconsciente en su doble aspecto: como dimensión de la Personalidad, y como dinamismo intrínseco determinante de comportamientos.

A partir de este descubrimiento, Freud dedica toda su vida a elaborar un sistema operacional de pensamiento psicológico y antropológico, que se vino a etiquetar con el nombre de Psicoanálisis.

Y este nombre, este significante conceptual, Psicoanálisis, recubre y engloba tres significados :



1º Es (llega a ser) una teoría completa de la Psique y de la Personalidad.

2º Es un método de investigación del psiquismo, sobretodo en su dimensión inconsciente, aplicable desde la medicina, la pedagogía, la historia, la religión, el arte...

El término investigación adquiere aquí su pleno significado etimológico de “ir tras los vestigios”, porque el Inconsciente sólo puede ser conocido por sus vestigios, por sus huellas, por sus rastros..., nunca por sí mismo ya que, por definición, es “lo inconsciente”, lo desconocido.

3º Es también el Psicoanálisis un conjunto sistemático y táctico de técnicas terapéuticas, psicoterapéuticas.

Diré que Freud utilizó por primera vez este término de Psicoanálisis en la francesa Révue Neurologìque, en un artículo titulado Herencia y etiología de las neurosis, en el que por primera vez expone su teoría inicial de la seducción infantil, de la que más tarde se desdijo. Este artículo data de 1896, y sin embargo, en su conferencia ante el Colegio de Médicos de Viena de 1904, publicado con el título de “Sobre Psicoterapia”, afirmó que a este método, que él está exponiendo, el Dr. Breuer lo denominaba “catártico”, pero que él lo prefiere llamar “analítico”. Todavía el término Psicoanálisis no está decisivamente introducido.

Para seguir estudiando, investigando, elaborando, contrastando y expandiendo este inicial embrión del Psicoanálisis, Freud reúne a su alrededor a un grupo escogido de personas, sobretodo de médicos, de Viena, Max Kahane, Rudolf Reitler, Alfred Adler, también a Stekel, después a Otto Rank, a Ferenci, a Ernest Jones, a Jung... Y lo que empezó llamándose la Sociedad Psicológica de los Miércoles se convirtió en 1908 en Sociedad Psicoanalítica de Viena, modelo de otras sociedades análogas en todo el mundo, y de la que después fue la Sociedad Psicoanalítica Internacional.


Añado a estas reflexiones un texto de Karl A. Menniger de su libro, escrito en colaboración con Philips S. Holzman, Teoría de la técnica psicoanalítica. Considera que históricamente se entendía por Psicoanálisis “una modalidad o técnica destinada a tener acceso al contenido inconsciente de la mente”. Y explica que en este sentido es comparable con la disección que hacen los médicos, o con la exploración visceral dentro de un ser humano vivo. Piensa que a raíz de tales observaciones se acumuló un conglomerado de conocimientos basados en los datos obtenidos por este método, y en este sentido cree que el Psicoanálisis puede considerarse equivalente a la anatomía o la histología. Ampliando estos conocimientos iniciales, se fue desarrollando un sistema de hipótesis para describir todo el funcionamiento psicológico, de lo que nació, piensa Menniger, una “ciencia de la personología” en la que él encuentra semejanzas con la fisiología. De aquí se llegó a lo que la mayoría de la gente piensa cuando se emplea la palabra Psicoanálisis: “una técnica destinada a tratar a determinados pacientes de una determinada manera”. El Psicoanálisis entra así dentro del ámbito de la Psicoterapia, en cuanto que es “el tratamiento formal de los pacientes por medios psicológicos y no con agentes físicos ni químicos: es decir, principalmente a través de la comunicación verbal”. Este es el texto de Menniger que viene a incidir sobre el triple ámbito conceptual que se abarca bajo el término de Psicoanálisis.

A partir de este descubrimiento, cuyas circunstancias se rememoraron en la lección anterior, Freud dedica toda su vida a elaborar un sistema operacional de pensamiento psicológico y antropológico, que se vino a etiquetar con el nombre de Psicoanálisis.


Para seguir estudiando, investigando, elaborando, contrastando y expandiendo este inicial embrión del Psicoanálisis, Freud reúne a su alrededor a un grupo escogido de personas, sobretodo de médicos, de Viena, Max Kahane, Rudolf Reitler, Alfred Adler...también a Stekel, después a Otto Rank, a Ferenci, a Ernest Jones, a Jung...Y lo que empezó llamándose la Sociedad Psicológica de los Miércoles se convirtió en 1908 en Sociedad Psicoanalítica de Viena, modelo de otras sociedades análogas en todo el mundo, y de la que después fue la Sociedad Psicoanalítica Internacional.

A modo de anécdota diré que en la primera sesión se trató sobre la psicología del fumador y que Stekel describió esas, por él llamadas “inspiradoras”, primeras sesiones de los miércoles con estas palabras: “Éramos como los pioneros en una tierra recién descubierta, y Freud era el líder. Parecía que saltaban chispas de una mente a otra. Cada noche experimentábamos como una revelación”.

miércoles, 28 de enero de 2009

UNA REVOLUCIÓN SOCIO-CULTURAL Y CIENTÍFICA

Buenos días, amigos: Voy a citaros algunos textos entrelazados sobre la repercusión impactante que en el ámbito cultural y social, incluso lingüístico, produjeron los descubrimientos y elaboraciones del joven Freud.

Un testimonio de Peter Gay, de su libro Freud, una vida de nuestro tiempo: “La observación de que el Psicoanálisis había ‘hecho furor’, convirtiéndose en una especie de moda entre quienes no lo conocían, estaba bastante justificada. El médico sueco Paul Bjerre afirmó en 1925 que el ‘freudismo’ estaba agitando los sentimientos como si se tratara de ‘una nueva religión’ y no de una nueva área de investigación. Especialmente en los Estados Unidos, la literatura psicoanalítica ha adquirido dimensiones de avalancha. Analizarse está de moda”. Un año más tarde, el prolífico psicólogo norteamericano William McDougall reafirmó la evaluación de Bjerre: “Además de los seguidores profesionales, todo un ejército de legos, educadores, artistas y diletantes han quedado fascinados por las especulaciones freudianas y las han convertido en una desorbitada moda popular, de modo que algunos de los términos técnicos empleados por Freud se han incorporado al idioma popular, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra”.

En otra parte de su libro afirma que el escritor Elías Canetti había escrito, por 1920, que “la interpretación de los ‘lapsus’ se había convertido en una especie de juego social” Aunque por otra parte afirma que las principales autoridades de la Universidad todavía “lo rechazan con arrogancia”. Y añade que esta oposición llegó, clamorosa, hasta el área de la política. Por ejemplo, en Francia, el mismo día en que apareció la versión francesa de Psicopatología de la vida cotidiana, en 1922, se publicó un artículo en el que se le pedía al gobierno “que proteja a los niños del Psicoanálisis”.

Esta reacción la explica y la interpreta sosegadamente el psicoanalista francés S. Nacht: “Freud apareció en una época impregnada de moralismo, confiada en una escala de valores que creía sólidamente establecida. Súbitamente aquel joven y desconocido médico judío despertó de su sueño al mundo, lo obligó a poner todo en cuestión. ‘Analice despiadadamente sus sentimientos, escribió Freud a un amigo, y verá qué pocas cosas seguras hay en usted’. Pero ver qué pocas cosas seguras hay en sí mismo es precisamente lo que el hombre se niega a hacer, porque lo siente como una herida y una humillación. Así pues, era inevitable que, desde el comienzo, Freud se viera rechazado por su época, que quiso verlo a través de los rasgos inmorales y salvajes de las fuerzas instintivas, cuyo auténtico rostro desvelaba”.

Estas observaciones y conclusiones quedan bien explicitadas y resumidas en un texto de Georg Markus, en su biografía de Freud El misterio del alma: “Con el Psicoanálisis de Freud no sólo se abría un nuevo campo a la psiquiatría, sino que se revolucionaba toda la medicina. Más aún: los esfuerzos para sondear el alma humana llevaron a nuevas formas de ver la religión y la cultura, la educación y la vida familiar, la sexualidad, la filosofía, el Estado. Las ideas de un científico rara vez han influido en su generación y en las siguientes tanto como Freud cuando describe la anatomía del alma.”

El siguiente texto, del escritor eminente Stefan Zweig, es un testimonio de adhesión y casi devoción. Le escribe así en carta de 1929: “La revolución que usted ha provocado en la estructura psicológica y filosófica, y en toda la estructura moral de nuestro mundo, excede en mucho la parte puramente terapéutica de sus descubrimientos. Pues hoy en día, todas las personas que no saben nada de usted, todo ser humano de 1930, incluso quien nunca haya oído la palabra ‘psicoanalista’, ya está indirectamente influido por su transformación de las almas”.

Precisamente el mismo S. Zweig, junto con otros escritores, artistas e intelectuales como Thomas Mann, Romain Rolland, Jules Romains, H.G. Wells , Virginia Woolf , Salvador Dalí, Hermann Broch, Knut Hamsun, Hermann Hesse, André Gide, Aldous Huxley, James Joyce, Pablo Picasso, Paul Klée, André Maurois, Thorton Wilder, y varios más, publicaron un manifiesto, en 1936, con ocasión del octogésimo aniversario de Freud, que le fue presentado por Thomas Mann en su casa de Viena, ya casi a punto de exiliarse en Londres. Por su extraordinaria importancia valorativa de la persona y la obra de Freud, os lo voy a reproducir íntegramente:

Que el octogésimo aniversario de Freud sea una venturosa oportunidad para expresarle, al iniciador de un nuevo y más profundo conocimiento de la humanidad, nuestras congratulaciones y nuestra veneración. Este intrépido descubridor, importante en cada esfera de su trabajo, como médico y psicólogo, como filósofo y artista, ha sido, durante dos generaciones, un guía a través de regiones de la mente humana hasta entonces inexploradas. Espíritu completamente independiente, un ‘hombre y caballero de osado mirar’, como Nietzsche dice de Schopenhauer, un pensador e investigador, que supo resistir solo y, sin embargo, atraer a muchos. Avanzó por su camino y llegó a verdades que parecieron peligrosas porque ponían al descubierto lo que el miedo había escondido, e iluminó lugares oscuros. Expuso nuevos y diversos problemas y cambió normas antiguas. Su búsqueda y sus hallazgos ampliaron enormemente el alcance de la exploración intelectual, e incluso hizo que sus opositores se convirtieran en deudores suyos por el ímpetu del pensar creador que les transmitió. Aunque los años futuros puedan superar o modificar este o aquel resultado de su investigación, las preguntas que Sigmund Freud hizo a la humanidad nunca podrán volver a silenciarse, ni sus hallazgos ser negados u oscurecidos por mucho tiempo. Los conceptos que él ha encontrado, las palabras que ha escogido para ellos, se han convertido ya en integrantes, evidentes por sí mismas, de todo idioma vivo. En todos los campos de las ciencias del hombre, en el estudio de la literatura y el arte, la historia de las religiones y la prehistoria, la mitología, el folkclore y la pedagogía, e incluso en la poesía misma, podemos discernir la impronta profunda de su influencia, y si alguna vez la raza humana alcanzó un logro imperecedero, este es -estamos seguros- su descubrimiento de la CIENCIA DE LA MENTE.

Nosotros ya no podemos seguir enfrentando nuestra tarea intelectual sin los audaces conceptos que constituyeron esa obra de toda la vida de Freud. Por eso nos alegramos de saber que este gran e infatigable estudioso está entre nosotros, y de verlo trabajar con vigor incansable. Que este hombre al que honramos, y al que le ofrecemos nuestra gratitud, viva entre nosotros durante muchos años más”.

Desde estos extraordinarios reconocimientos y elogios, especialmente valiosos y significativos por la talla intelectual, científica y cultural, de las personas que los respaldan, no es de extrañar la comparación que hizo en su tiempo Jung con los “pseudocientíficos” que se negaban a estudiar a Freud: son, escribió, “como aquellos hombres de ciencia que se negaron a mirar por el telescopio de Galileo”.

No quiero dejar de citar el testimonio de la concesión del Premio “Goethe”, en julio de 1930, donde la obra de Freud se define como “fruto del método estricto de las ciencias de la naturaleza (...) y de la osadía de los creadores literarios”. Y también se dice en el texto de concesión de ese importante galardón literario que “el Psicoanálisis no sólo enriqueció a la ciencia médica sino también al mundo mental del artista, el sacerdote, el historiador, el educador” (...) al descubrir “las fuerzas formativo-creadoras adormecidas en el inconsciente”.


Por último, voy a añadir a este florilegio de citas otro texto de Pierre David, al que tuve ocasión de conocer y escuchar en París, en los cursos de postgrado a los que asistí, organizados en la Sorbona: “¿Para qué se consulta a un Psicoanalista? Hoy en día no es fácil responder a esta pregunta. El Psicoanálisis forma parte de nuestra vida cotidiana prácticamente en todos sus aspectos. Al parecer, ha dejado de ser sólo un medio de tratamiento de las dificultades psicológicas y está incorporado en todas las ramas de las ciencias humanas. Sus conceptos, a menudo desvirtuados y desnaturalizados, se utilizan en otras disciplinas. Los medios masivos de comunicación los hacen circular y corren el riesgo de convertirse en palabras vacías de un vocabulario desgastado (complejo de Edipo, libido, represión, super-yo...). Despierta las cóleras de hipócritas engreídos, defensores de un concepto reductor de “ciencia” y, por el contrario, llena de entusiasmo a un sector de la intelectualidad y a los filósofos jóvenes”.(Pierre David. “La sesión de psicoanálisis”)

miércoles, 21 de enero de 2009

¿FREUD DESCUBRIÓ EL INCONSCIENTE?

Buenos días, amigos: Teníamos aplazada nuestra cita para después de Reyes, pero en estos días recientes, entre bufandas y escalofríos, mi sistema neurovegetativo no me daba aliento para reemprender nuestra andadura psicoanalítica.
Ayer nuestra amiga Tánger sacudió mi semiletargo: ¿qué pasa con el blog? (me dijo en un encuentro inesperado) Todos los días me asomo a la ventana para salirle al paso...
Entonces abrí los ojos, y aquí me veo de nuevo con vosotros.

A partir de nuestros últimos comentarios sobre el gran Iceberg del alma, los continentes sumergidos de la mente, en varias ocasiones se me ha hecho la misma pregunta: ¿Es el Inconsciente mental un descubrimiento de Freud?

Tengo que aclarar que el concepto de lo inconsciente era conocido previamente a los descubrimientos de Freud, que la filosofía se había ocupado repetidas veces de este problema, como lo comentaré más adelante, y que en 1869 Hartmann había publicado un libro de gran difusión titulado Filosofía de lo inconsciente.

La aportación original de Freud fue sustantivar lo inconsciente, hacerlo sustantivo, no sólo adjetivo (“acto inconsciente”, “estado de incosciencia”).
-Freud se empeñó en hacer de esto un SABER: el saber de lo insabido o desconocido por la propia persona,
-hacerlo objeto de investigación con métodos especialmente diseñados para este fin,
-conocerlo como determinante subrepticio de comportamientos humanos
-y aplicarlo como espacio terapéutico desde el que reequilibrar los desajustes del psiquismo y sanar las patologías de la mente.



LA REVOLUCIÓN CULTURAL Y CIENTÍFICA DE SIGMUND FREUD

Obviamente, este descubrimiento de Freud vino a suponer una auténtica revolución cultural con respecto al conocimiento de la persona, del ente humano. Provocó, al mismo tiempo, una inversión de perspectivas en todas las disciplinas que se ocupan de algún modo de su interpretación, comprensión, educación o expresión: la Pedagogía, la Filosofía, el Derecho, la Medicina, la Moral, la Historia, el Arte....

En el estudio y la comprensión de las realizaciones humanas y de sus intenciones y motivaciones profundas, el Inconsciente pasa al primer plano de interés, más aún que el Consciente.

El “no puedo comprender por qué obré de esa manera” o el “no era yo mismo cuando hice eso”, empezaba a vislumbrar sus claves.

En sus Conferencias de introducción al Psicoanálisis, pronunciadas por Freud entre 1915-1918, en la sede del Colegio de Médicos de Viena, hace la conocida consideración de las tres humillaciones narcisísticas que había padecido sucesivamente la Humanidad: la infligida por Copérnico cuando dictaminó que la tierra no es el centro del universo, sino una simple motita de polvo cósmico dentro de la galáctica polvareda estelar; la que infligió Darwin al incluir a la humanidad en el reino animal, y considerar al hombre, “mono desnudo” (Desmond Morris), como eslabón en la cadena filogenética desde primates ancestros; y la tercera humillación, herida narcisista al orgullo humano, al demostrar al mundo que el Yo personal no es el cibernetes, dueño total de sus propios actos y de su propio destino, sino que en gran medida es siervo y esclavo de extrañas fuerzas de la mente, inconscientes e incontrolables.

Esto supuso una revolución cultural tan importante como lo fue, quizás, en la técnica, la invención de la rueda o la de la máquina de vapor. La autora del libro Psicoanálisis: una profesión imposible, Janet Malcolm, llega a utilizar el símil del terrorista que en el sótano de su casa prepara un artefacto para volar la cervecería del barrio y, sin darse cuenta, termina inventando la bomba de hidrógeno que hace volar medio mundo.

Hasta entonces las filosofías clásicas, y las ciencias aplicadas, pensaban que sólo había dos estados de consciencia posibles: el de inconsciencia, o inconsciente, cuando la persona está dormida, o desvanecida o drogada o en coma, y el de consciencia, o consciente, cuando la persona está despierta, en plena posesión de su inteligencia y de su razón, y es dueño y responsable total de sus actos y de sus pensamientos. Desde esta convicción se había entendido y fundamentado la filosofía, la pedagogía, la moral , la religión, la historia, el derecho, la psicología... Hasta que

Freud pone de manifiesto la influencia de mecanismos inconscientes, de razones y anhelos ocultos, subterráneos, que impulsan nuestros actos y determinan nuestros comportamientos. Y crea una ciencia para desvelar el Inconsciente y curar a las personas a través del Inconsciente.
Esta Ciencia es El Psicoanálisis.