sábado, 18 de abril de 2009

SOBRE EL "YO"

En este día de abril, lluvioso y desangelado, y por no frustar las expectativas de nuestra estimulante amiga Tánger (en realidad no sé si hay alguien más interesado), voy a continuar las consideraciones sobre esa primera instancia del psiquismo personal que conocemos como el YO.
En la lección anterior presentamos dos consideraciones. Continuamos con la 3ª:

3ª consideración: Como he intentado explicar, la imagen del YO se va perfilando a través de experiencias de percepción de la realidad objetiva y de la toma de consciencia de las propias reacciones de autorregulación (emocional, cognoscitiva y motora-conductual) frente a esa misma realidad. Puedo poner ejemplo de canciones en las que se pone de manifiesto la referencia a una imagen del propio YO conscienciada y autodefinida: “Yo no soy esa que tu te imaginas”,o “Yo soy aquel que por las noches te persigue”.

Esto supuesto, es interesante explicar, por contraste, en qué consiste la esquizofrenia, en cuanto que es un proceso malogrado, o dañado, de la formación de la autoconsciencia y definición del YO.
La esquizofrenia supone una deformación o pérdida de autoconsciencia de la propia realidad, y una despersonalización de la psique individual.

La integración unitaria del YO queda destruida, o dividida (recuerdo el famoso libro de Laing, del movimiento que se llamó “antipsiquiatría”, El Yo dividido) debido a que fuerzas emanadas del Inconsciente interfieren y arrasan al YO personal. En el cine se ha presentado muchas veces, de modo muy plástico e impactante, este fenómeno, en películas como El estrangulador de Boston, Diario de una esquizofrénica... Se podrían citar muchísimas más.

Podría proponer un nuevo objetivo terapéutico y psicopedagógico: No dar por cerrada la imagen de mi YO: completarla y enriquecerla puede ser una función y un objetivo psicopedagógico durante toda la vida de la persona.

En el cuento de la diferencia entre ciencia y sabiduría, que ya he relatado, se dice que del libro de uno mismo salen ediciones corregidas y ampliadas casi cada minuto. Yo escribí sobre esto en mi libro Viajes hacia uno mismo, y voy a aportar el texto:

Hay momentos, situaciones en la vida, en nuestro fluvial decurso evolutivo, en los que configuramos, perfilamos, acuñamos una imagen de nosotros mismos, y después nos aferramos a ella, como si el río de la vida se hubiera detenido en su curso, como si nos dijéramos "así soy yo, definitivamente", en una determinante fijación evolutiva.

Suelo entonces pro-poner, poner-en-frente, como contrastación dialéctica, el concepto -tan antiguo como el "panta rei" de Heráclito de Éfeso, o como las coplas doloridas de Jorge Manrique- de nuestro permanente fluir. "No somos", les contesto a quienes afirman autojustificadoramente "es que yo soy así", o a quienes interrogan "quisiera saber cómo soy: "no somos, les contesto, "sino que vamos siendo". Yaveh Dios se define, en la Biblia, como "el que es", definitivamente, como el mar, con su presencia completa, total e inmutable en su propio movimiento de vida en plenitud. En contraposición, el hombre se tendrá que definir, esencialmente, como el que no es, sino que va siendo, evolutivamente, progresivamente, acumulativamente, como el río.

No ir por la vida, ni caracterizar a los demás de torpes, o de listos, de feos o de bonitos, de vagos o diligentes..., porque alguna vez nos comportamos, o se comportaron así, o porque fue el rol que asumimos, o asumieron, en un momento dado. No quepa la menor duda de que, en el decurso de la vida o de la evolución, se irán incorporando a la imagen de uno mismo nuevos aspectos que completan, compensan o corrigen el bosquejo autoconsciente anteriormente configurado.



El Ideal del Yo

De lo anteriormente expuesto deduzco que para ir construyendo la identidad del propio YO, lo esencial no es preguntarse cómo soy, sino cómo deseo ser. No es coherente justificarse con el consabido “es que yo soy así”, “tienen que aceptarme como soy”... Ya que la identidad del YO no es algo que se tiene, sino algo que se construye. No es un ser sino un quehacer, un proyecto en continua construcción y realización. Lo leí en una novela muy antigua La máscara de carne. Terminaba diciendo que el verdadero rostro de nuestro YO es el de nuestro ensueño, es decir: el deseo de lo que queremos ser.

Es así como se va conformando el concepto de Ideal del YO (insisto en no confundirlo con el YO ideal del que trataremos más adelante, a propósito del SUPER-YO), concepto fundamentalmente axiológico o valorativo, que se integra en la consciencia y la preconsciencia de uno mismo, y que opera en la línea dinámica de la propia superación y autorrealización, como la fuerza motivacional más vigorosa del ser humano.

Dejo para la lección de la próxima semana una 4ª consideración sobre el YO, y de ella sacaremos varias consecuencias terapéuticas y psicopedagógicas.

miércoles, 1 de abril de 2009

Yo, Ello, Super-Yo

En esta primera mañana del recién nacido abril, con los cielos cubiertos, amenaza de lluvia y frío rechinante, retomo mi tarea semanal…
Como ya os señalé en la lección anterior, la segunda descripción del psiquismo personal, desarrollada por Freud en su libro El Yo y el Ello, presenta una Teoría del funcionamiento dinámico de nuestro psiquismo y una original concepción de la estructura de nuestra Personalidad.

La fundamenta Freud en tres sistemas de fuerzas en tensión permanente, que él denomina instancias (de instar, ejercer presión).

Una instancia impulsora que es el ELLO,
una instancia represora que es el SUPER-YO,
y una instancia reguladora que es el YO,

como el motor, el freno y el volante de un automóvil.


(Aquí he intentado poner un gráfico de las tres instancias y no he logrado hacerlo. Lamento mi impericia).




¿Dónde se encuentra mi YO?

Aprovechando el mismo esquema gráfico de la primera descripción tópica, diré que en el núcleo de la esfera Consciente se ubica el YO.

Frente a este primer esbozo de representación gráfica, voy a hacer cuatro observaciones o consideraciones:

1ª.- Una primera consideración es que nuestra realidad psíquica es mucho mayor, mucho más extensa, que nuestro YO. El YO viene a ser como la cresta del iceberg que emerge sobre la superficie, pero que deja sumergida e invisible una gran extensión de su realidad. De aquí se desprende un importante objetivo psicopedagógico: enriquecer el YO con una exploración más profunda y extensa de la propia realidad personal.

El “nosce teipsum” de Sócrates adquiere en esto su plenitud de significado: ampliar la autoconsciencia, reconocer y estructurar las motivaciones valorativas que impulsan y orientan nuestros comportamientos, definir al auténtico Ideal del YO (ya señalaré su diferencia con el YO ideal, que pertenece a la esfera del SUPER-YO).

Y desde este autoconocimiento acrecentado, desarrollar y potenciar la función fundamental del YO, que es la autorregulación. Mientras más extensa sea el área de autoconocimiento , mayor será la posibilidad de autocontrol y autorregulación.

2ª consideración: El YO viene a ser ese conjunto de datos sobre uno mismo que identificamos como propios y que enfrentamos a la realidad exterior. Es como un recorte de sí mismo, en medio de la realidad envolvente. Aunque lo que se recorta y se perfila de sí mismo es también una parte solamente de esa amalgama que constituye su realidad total a la que ha llegado la autoconsciencia. La otra parte de nuestra propia realidad total, la sumergida en el Inconsciente, al no pertenecer a la esfera identificada del YO, Freud la denominó el ELLO.
El niño al nacer es puro ELLO, una amalgama de energías impulsivas no reconocidas ni controlables, puesto que no existe todavía un YO capaz de autorreconocimiento y autocontrol. Tampoco se distingue de la realidad exterior, cuyo dato más importante en ese momento existencial, el pecho de su madre, lo experimenta como una prolongación de sí mismo. Esta es la teoría de Melania Klein. Por eso puede ser tan traumático y mutilador la separación del pecho materno si no se le proporciona paulatinamente objetos transicionales como el chupete, el peluche etc., tal como lo explica magistralmente Winnicott en “El proceso de maduración del niño”.

El niño se mira al espejo y no se reconoce. Y, a medida que va adquiriendo y organizando, muy rudimentariamente, datos sobre sí mismo, aprende a decir NO, que es un modo de independizar y diferenciar su YO de la realidad exterior, y aprende a decir MÍO. Es así el nacimiento de la autoconsciencia, como paulatino alumbramiento de la propia identidad, a partir del enfrentamiento con la realidad objetiva, la de uno mismo y la circunstancial. A partir de ahí ya empieza a reconocerse y a sonreírse a sí mismo ante el espejo.
Si me decido a explicarlo desde el punto de vista neurofisiológico, diría más o menos esto: que el niño, desde que pone pie en la existencia, en el medio cósmico, está sometido a un hervidero de estímulos, tanto a los interiores de su organismo (hambre, frío, calor, picor, dolor...) como a los exteriores. El sistema nervioso va filtrando permanentemente un caudal de informaciones. El cerebro los va seleccionando, los va organizando, y los va reconociendo paulatinamente al aplicarle el lenguaje que los clasifica y los convierte en ideas (palabra que deriva del griego eidos y que significa representación). Estas re-presentaciones de los estímulos provocan reactivamente impulsos, que se canalizan en emociones y sentimientos, y activan el movimiento que determina la acción... Todo esto a nivel fisiológico supone la movilización de miles de millones de neuronas dirigidas por unas pequeñas conexiones que se llaman sinapsis. Hay un libro, ahora no recuerdo de qué autor, que se titula El hombre neuronal, porque es así como se constituye la persona a nivel neurofisiológico, a través de una red conexionada por neuronas que van procesando y transmitiendo todo ese complejo mecanismo cerebral.
Con estas reflexiones pretendo decir que el centro, el eje, el cibernetes de todas esta operaciones es, al nivel que se refleja en el sistema Consciente, el YO, que en cada persona se constituye de un modo totalmente singular y único: de donde se va derivando su singular y única personalidad.

Dejo la 3ª consideración para la lección de la semana siguiente a las festividades de Semana Santa.

jueves, 26 de marzo de 2009

LA PERSONALIDAD, UN SISTEMA DE FUERZAS EN INTERACCIÓN




Creo haber ya aclarado que el descubrimiento del Inconsciente no es un hallazgo exclusivo y totalmente original de Freud. Un siglo antes, el poeta romántico Coleridge había hablado de los reinos crepusculares de la conciencia, y el mismo Goethe apuntó la idea de que en la psique existen varias capas de profundidad. El poeta Wordsworth, que había confesado mantener relaciones inconscientes con la belleza, había escrito estos versos: “Hay en mi mente cavernas /a las que el sol nunca podría llegar”. Herbart, Schopenhauer, Nietzsche intuyeron la existencia de fuerzas inconscientes de la mente. El mismo San Agustín había hablado, en sus Confesiones, de una reserva ignorada, más allá de la memoria, donde se guardan recuerdos. Hartmann escribió una Filosofía del Inconsciente y Theodor Lipps afirmó, hace más de un siglo, la existencia de procesos inconscientes. Shakespeare también había señalado motivaciones ocultas de los actos humanos, desconocidas por la propia consciencia. Freud lo aceptaba, se inspiraba en ellos, y reconocía que los escritores “se abrevan en manantiales que todavía no hemos encontrado para las ciencias”. Pero su gran contribución consistió en tomar esta noción, indefinida y poética, investigarla, estudiarla, otorgarle precisión y definición, convertirla en el fundamento de una psicología y de una terapéutica. Como el Adán bíblico fue asignándole nombre a las cosas contempladas, él fue especificando y nominando los contenidos de la psique, describiendo los fondos ocultos del inconsciente, así como su potente y dramático dinamismo de expresión.

¿CÓMO FUNCIONA MI MENTE?

El pensamiento de Freud va procediendo incansablemente, a partir de una cuestión directriz: ¿Cómo funciona la mente? Y desde ahí, inicia una caminata, mientras que describe minuciosamente los planos de los territorios que explora. Hasta ahora ha delineado dos planos fundamentales, como las dos caras del territorio de la Luna: El Consciente, iluminado y brillante, y el Inconsciente, oscuro y misterioso; con un terreno gris intermedio, el Preconsciente. Eran hallazgos provisionales, sobre los que él, con escrupulosidad científica, sigue buscando constantemente datos de verificación y confirmación.
Y así, siguiendo un riguroso itinerario intelectual, se adentra en un nuevo campo: Las tres instancias dinámicas de la Psique: el YO, el ELLO y el SUPER-YO. A este nuevo plano de la mente le llama él su Segunda Tópica.


Una segunda exploración del territorio mental


La primera descripción tópica la presentó en 1900 en el capítulo VII de La Interpretación de los Sueños, completando lo que ya había pergeñado en 1895, en Proyecto de una Psicología científica, y en sus cartas a Fliess desde 1986. Finalmente lo deja sistematizado y rematado en los Textos Metapsicológicos de 1915.

Esta segunda descripción tópica la va elaborando a partir de 1920, y le hace su presentación oficial en 1923 con su libro El Yo y el Ello. Al final de su vida, en 1938, en el libro póstumo que la muerte le impide completar, Esquemas del Psicoanálisis, intenta integrar y armonizar las dos descripciones tópicas.

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL INCONSCIENTE

En esta mañana, que amanece clara y templada, anunciando ya la luz de la próxima primavera, recojo lo último que os dije en la lección anterior: que el Inconsciente es el depósito de todo lo que ha quedado desplazado del campo de la consciencia y de la preconsciencia.

También podría decir que es el archivo de todas las experiencias olvidadas o reprimidas, incluso de las experiencias del proceso de evolución de la humanidad y transmitidas genéticamente en las células germinales. Este sería el Inconsciente Colectivo, la gran aportación de Jung a la epistemología psicoanalítica. Él lo define como “el sedimento de todas las experiencias de la humanidad desde sus orígenes más oscuros” y es donde se albergan esas ideas prototípicas universales que Jung denomina Arquetipos: la idea de Dios, o la de Padre o de Madre, de Héroe, la de la Culpa, etc. Aunque muera el padre real de un individuo, su padre inconsciente, mezcla del arquetipo y de la experiencia singular, sigue influyendo de algún modo en su interior psicoemocional.

No hay una sola experiencia que haya salido del fondo de uno mismo. Todas están archivadas; y aquellas que creía olvidadas se conservan en el Inconsciente personal, y desde allí siguen influyendo subterráneamente en mis sentimientos, mis pensamientos y mi conducta.

Esto explica fenómenos como el conocido “dejá vu” que nos hace tener la sensación de que ya habíamos estado en un lugar al que hemos ido por primera vez, o que ya habíamos visto a una persona que por primera vez se nos presenta. Y es que se dan, con ocasión del lugar o de la persona, una concurrencia de sensaciones, que conectan con otras similares conservadas en el Inconsciente.


EL MOTOR DE LA REPRESIÓN

Aquí juega un papel importante ese mecanismo psicológico llamado Represión, que deja enterrados en el Inconsciente recuerdos, experiencias, afectos, impulsos...Los cuales se conservan precisamente por haber estado enterrados. Freud lo compara con los objetos hallados por los arqueólogos, después de haber estado durante muchos siglos enterrados en las tumbas. Se hubieran perdido de no haber permanecido enterrados, “inconscientes”.
Al mecanismo de actuación del material enterrado en el Inconsciente, Freud lo compara con el conferenciante que, durante su conferencia bien preparada, se ve interrumpido por las voces, los comentarios, las carcajadas y las imprecaciones de un grupo de los asistentes. Los guardas jurados de la sala (que Freud denomina la “censura”) los echan afuera y cierran la puerta (este es el símil de cómo actúa la represión). Pero ellos, desde el lugar al que han sido desplazado, desde fuera de la sala y de la vista de los otros asistentes, siguen dando gritos y golpes en la puerta que alteran la armonía y el orden de la sala e impiden al conferenciante centrarse en su conferencia.
La solución que Freud propone es que salga el conferenciante de la sala, busque a los alborotadores, los conozca, les hable, les proponga que de algún modo contribuyan, que se integren con los demás en beneficio de todos. Y este es, metafóricamente expresado, un primer enfoque del Psicoanálisis como Terapia. Entrar en la esfera custodiada del Inconsciente, desenterrar las energías ocultas, las necesidades reprimidas, los recuerdos (olvidos) perturbadores, y organizarlos a nivel consciente del modo que sea adaptativo con la realidad, equilibrado para el psiquismo emocional y conveniente para la persona.


Freud nos avisa que el Inconsciente es “la palestra donde se dan las verdaderas luchas y los conflictos psíquicos”. Precisamente porque se trata de fuerzas descontroladas (fuera del control consciente), enemigos a la espalda o animales encerrados, hambrientos... Y cuando se accede al Inconsciente a través de la terapia psicoanalítica “se pueden desmoronar los conflictos y los complejos solidificados, como los edificios de Pompeya cuando, tras descubrir la capa de lava que los había mantenido sin cambio durante dos mil años, se vieron expuestos de nuevo al viento, al sol y a la lluvia”.

La metáfora arqueológica era especialmente querida por Freud: “En Psicoanálisis, como en la arqueología, hay que excavar hondo hasta llegar a algo significativo”. Y hablándole de sus descubrimientos a su amigo Fliess, exclama con entusiasmo: “Es como si Schellemann hubiera desenterrado de nuevo la legendaria Troya”.


miércoles, 11 de marzo de 2009

LAS BODEGAS DE LA MENTE: PRE-CONSCIENTE e IN-CONSCIENTE



Con la primavera apuntando ya en los brotes color violeta de las jacarandas del parque, y descendido de las alturas filosóficas a las que nos elevó José Mª, y de las colinas hermenéuticas de Tánger, voy a seguir analizando lo que Freud denomina el Aparato Psíquico.

Hasta la semana pasada estuve exponiendo la configuración de una de sus piezas, el Consciente. Otra pieza de este Aparato se llama (la llamó Freud) Preconsciente. Lo voy a despachar pronto, porque no es un concepto especialmente importante, ni difícil de entender.

El Preconsciente abarca todo lo que no está inmediatamente dentro del campo iluminado de la consciencia psicológica, pero que puede ser evocado y reconocido con algún esfuerzo. Como datos que están extraviados dentro de un fichero y que sólo es cuestión de buscarlos, porque sabemos que están allí. Algo así como “lo tengo en la punta de la lengua” de nuestro lenguaje coloquial...


SOBRE EL INCONSCIENTE

Y pasamos a estudiar la tercera pieza de este Aparato Psíquico, el tercer componente tópico del psiquismo, según la gnoseología de Freud, que es su gran aportación científica y cultural: El Inconsciente.

Ya dijimos que la importancia cultural de Freud, la que le hace estar en las listas de las 1000 personas más influyentes en la Historia de la Humanidad, o entre las 100 personas más significativas del milenio que acabamos de rebasar, es haber descubierto, o haber dado las grandes pistas para descubrir el significado profundo de la conducta humana. Las estructuras subterráneas, las dimensiones, las motivaciones, los mecanismos y dinamismos ocultos que subyacen a nuestro comportamiento, sea el comportamiento intelectual, afectivo o el de acción, la cara oculta de la Luna, la dimensión sumergida del Iceberg...
Todo esto es la aportación cultural de Freud al progreso de la humanidad. La llave para entrar en el sótano, en el desván, en lo más profundo de la casa interior de una persona, y para descubrir y descifrar el significado profundo de su estar-en-la-existencia, del actuar humano, esa llave lleva la efigie de Sigmund Freud. Y si nosotros queremos y estamos dispuestos a emprender esta aventura espeleológica, tendremos que hacerlo de la mano y a la luz de la linterna intelectual de Sigmund Freud.

Naturalmente, hay otro objetivo implícito al intentar adentrarnos, con Freud, por los vericuetos del Inconsciente: el de darnos pistas para nuestro propio descubrimiento profundo, entrar en el dédalo, como Teseo con el hilo de Ariadna, de nuestro inconsciente personal y desvelar los móviles ocultos de nuestro propio modo de actuar y de ser, y llegar a aceptarnos y a integrarnos mejor como personas. Recuerdo la historia de Tony de Mello de aquel sabio a quien le preguntaron sobre la diferencia entre la ciencia y la sabiduría. Respondió que a la Ciencia se llega estudiando muchos libros; a la Sabiduría estudiando uno sólo: el libro de uno mismo. Pero, añadió, de este libro salen nuevas versiones casi cada minuto de su vida. Y no sé si ya he citado una reflexión de Harry Guntrip de su libro El self en la teoría y la terapia psicoanalítica: “Hemos llegado a un estado de cosas en que es evidente que el problema humano fundamental no es el de comprender y dominar las fuerzas físicas del universo, sino el de comprenderse a sí mismo y el de encontrar los medios para ayudarse a sí mismo y ayudar a los de más a lograr una auténtica realización personal”.

A propósito del binomio ayudarse a sí mismo- ayudar a los demás, les recordaré la historia de aquel sabio oriental que había llegado a la cumbre de la Iluminación y la Sabiduría, y reflexionaba así: Cuando yo era joven quería transformar el mundo. Cuando fui madurando, comprendí que la ambición juvenil era imposible y me esforcé en ayudar y hacer el bien a los que me rodeaban. Ahora que estoy en la plenitud de mi vida, sólo quiero ayudarme a mí mismo que es el único modo de que se beneficien todos los demás.

Toda esta digresión era para llegar al tercer componente del psiquismo, el más original y fundamental en Psicoanálisis, la tercera pieza que integra la estructura del famoso Aparato, que es el Inconsciente.

Tendré que decir, para empezar, que es el depósito de todo lo que ha quedado desplazado del campo de la consciencia y de la preconsciencia.

Pero volveremos a ello en la microlección de la próxima semana.

jueves, 5 de marzo de 2009

Un “test” para clasificar el funcionamiento de la Consciencia individual




En esta mañana que está lluviosa y cenicienta, voy a seguir haciendo, sobre la marcha que iniciamos la semana pasada, algunas aportaciones y elucubraciones que pueden ser interesantes para comprender, según los principios del Psicoanálisis, la organización funcional de eso que hemos llamado el sistema Consciente, y también de sus perturbaciones.

El test de Jung sirve de instrumento para analizar los parámetros de nuestra autoconsciencia, las disposiciones fundamentales de nuestro Consciente personal.
Es una técnica introspectiva para comprender la personalidad del individuo, su modo específico de comportarse, su modo singular de procesar las experiencias y de orientar sus energías vitales (libidinales, diría Freud) en su encuentro adaptativo con el mundo.

Para Jung ese Consciente estaría constituido por dos disposiciones predominantes y por cuatro funciones específicas que orientan y procesan nuestras experiencias individuales.

Las dos disposiciones fundamentales son: la Introversión y la Extraversión, que ya configuran dos tipos definibles de ser y estar en la vida: el de personalidad introvertida y el de personalidad extrovertida, según mantenga una autoconsciencia más directamente en contacto con el mundo interno y subjetivo, con las repercusiones que la realidad interior producen en él (como dentro de la caverna de Platón), o tenga la consciencia más orientada al mundo exterior en respuesta a los estímulos exteriores inmediatos.

La persona introvertida encuentra sus gratificaciones básicas y sus fuentes de interés en el interior de sí mismo, y la persona extravertida las encuentra en sus relaciones con los demás y con el medio. El extrovertido ve las cosas de afuera, el introvertido se ve a sí mismo. El introvertido es más especulativo, el extravertido más práctico. El extravertido más resolutivo, el introvertido más dubitativo.

Y las cuatro funciones, como ventanas del sistema consciente, desde donde vemos la realidad y a nosotros mismos, desde donde recibimos los estímulos interiores y exteriores a nosotros y procesamos las experiencias, son : La Percepción, la Intuición, el Sentimiento y el Pensamiento.

Es decir: tomamos consciencia de nosotros mismos en la existencia y de la realidad exterior percibiendo, intuyendo, sintiendo (afectándome) y pensando.
-Desde la ventana perceptiva tengo consciencia, por ejemplo, de que aquí hay algo, percibo una forma, un color, un olor, un ruido;
-con el pensamiento digo que es un perro, lo identifico con cuadrúpedo canino de raza boxer (por ejemplo);
-el sentimiento me induce a expresar complacencia, qué bonito; y
-con la intuición conozco que me puede morder y me acerco con cuidado.

En todas las personas operan las cuatro funciones en la toma de consciencia de la realidad, exterior o interior, aunque en cada persona individual algunas funciones predominan sobre otras, determinando ocho tipos de personalidad o modos de estar en la existencia, según se combine su función predominante con la orientación fundamental extravertida o introvertida.
Conviene tener en cuenta que la función Pensamiento depende de la Sensación, que ya decían los antiguos “nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu”.

De aquí que cuando el pensamiento se aleja excesivamente de la sensación, que es la ventana más inmediata a la realidad exterior, se pueda originar la patología autista, la patología del pensamiento introvertido sin ventanas a la realidad, y así mismo el delirio, la esquizofrenia, la psicosis.

Igualmente la pura percepción introvertida podría originar alucinaciones, y la función perceptiva unida a la función sentimiento, cuando no está mediatizada por una función de pensamiento discriminativo, podría promover esa reacción del instinto animal impetuosa e indiscriminada ante los estímulos, que es lo que caracteriza a la psicopatía (que en la clasificación nosológica actual se inscribe en el cuadro llamado patología bordeline)

La neurosis supondría un proceso deficiente y desproporcionado de la reacción afectiva, la función sentimiento, frente a la percepción, con desactivación de la función discriminativa del pensamiento (hipocondría, fobia, depresión vital, distimia...).

La psicopatía se origina por descontrol de los impulsos instintivos.
La neurosis, por desajuste de la afectividad y desproporción de las reacciones emocionales.

Sin embargo, el aprovechamiento de la función perceptiva con el refuerzo de la intuitiva facilitaría el pensamiento divergente, base de la creatividad.

Los filósofos antiguos hablaban del conocimiento por connaturalidad, que supone una asimilación afectiva del objeto del conocimiento, de los datos de la percepción elaborados por el pensamiento.
Se le llamaba también conocimiento interno, el que da confirmación al pensamiento de Pascal sobre las razones del corazón , o al de Saint Exupery de que sólo conocemos con el corazón, la verdad es invisible a los ojos.
Con “los ojos” se refiere al conocimiento puramente especulativo o científico, que solo se procesara por la función pensamiento, y que da origen a toda la filosofía etiquetada como Racionalista. Ese, por ejemplo, “teórico de la castidad que no es casto” sobre el que reflexiona Santo Tomás de Aquino. Y piensa también Santo Tomás que la voluntad es una facultad indesligable del conocimiento, de la función pensamiento.


Pero distingue Santo Tomás entre voluntad electiva y voluntad afectiva, y a ésta la define como la facultad psíquica que dirige tenazmente los propios deseos a los propios intereses y valores, objetivamente conocidos y asimilados, y afectivamente interiorizados y amados. En definitiva es lo que hoy se entiende por Inteligencia emocional, en cuanto que la actividad rectora es la inteligencia, organizadora de la acción voluntaria, reforzada por la afectividad y dirigida al objetivo final de plenitud emocional, la Felicidad.

miércoles, 25 de febrero de 2009

¿Cuándo se forma el Consciente?


El aire fresco de esta maña tiene ya sabor y aromas de anticipada primavera…

Podría añadir a la micro-lección de la semana pasada alguna reflexión sobre el desarrollo ontogenético y filogenético de esta función operativa llamada en psicoanálisis Sistema Consciente.

Cómo se origina en cada ser (que es la ontogénesis) y cómo se ha originado en la evolución de la especie (que es la filogénesis).
La formación ontogenética de la Consciencia

La formación ontogenética del Consciente, que se va realizando a través de la consciencia psicológica, supone un proceso de elaboración de información, tanto de la intrínseca y autopsíquica, es decir: la que proviene de las sensaciones del propio organismo, originadas en el interior de uno mismo, como de la extrínseca o alopsíquica, que proviene de estímulos exteriores.
El niño llega a la existencia, según una teoría no universalmente acordada , “tamquam tábula rasa”, como dirían los clásicos(también se piensa que el ser viene a la existencia con estructuras cognitivas básica).
Ese espacio mental, que hemos denominado Consciente, podemos considerarlo como una pantalla en blanco en la que progresiva y evolutivamente, a medida que se van recibiendo y elaborando las informaciones, se forman unas estructuras mentales que permiten la creación de modelos de conocimiento para seguir interpretando la realidad interior y exterior, y estereotipos de comportamiento para reaccionar frente a ella.
(Lo mismo se podría decir partiendo de la teoría de que el ser humano viene a la existencia con estructuras mentales básicas, genética,ente trasmitidas).

Esto precisamente es lo que fundamenta la importancia clínica del famoso Test de Rorschach, el conocido como test de las manchas de tinta. En realidad esas láminas con manchas de tinta no representan nada, pero constituyen un conjunto experimental de estímulos frente al que la persona pone en funcionamiento, en situación de prueba, sus moldes psicoperceptivos, y proyecta sus modelos de conocimiento y sus estereotipos de reacción que construyen su propia realidad y constituyen el comportamiento singular de cada persona.

Es obvio que muchas personas basan su autoconsciencia más en fantasías subjetivas sobre sí mismo o sobre la realidad, que en los datos objetivos:
En un extremo estaría el trastorno psicótico, la patología delirante de D. Quijote pensando de sí que era el Caballero de la Triste Figura perseguido por molinos de viento.
Y, sin llegar a la desviación patologica, estaría también el artista que recrea subjetivamente la realidad, como hacen los pintores expresionistas. Como ejemplo podría citar algún poema: “Hay algo que me dice / que la voz de tus ojos / es más profunda que todas las rosas / Y que nadie, ni siquiera la lluvia, / tiene las manos tan pequeñas”. Valga de ejemplo este precioso poema, en el que los ojos hablan, y la lluvia tiene manos, citado en una película de Woody Allen.


Formación Filogenética de la Conciencia

Filogenéticamente parece ser, según interpretan los antropólogos, que la consciencia individual se fue formando con posterioridad a una consciencia colectiva ya existente.
Es decir, que el sistema Consciente que ahora analizamos como componente de cada individuo se fue desarrollando paulatinamente a partir de un Consciente grupal, de muy larga duración filogenética, en un proceso que Jung denomina de diferenciación.
No es de extrañar, porque todavía este Consciente colectivo opera en fenómenos de masa, donde la diferenciación personal queda muy difuminada y la estimulación emocional desborda a las individualidades que la forman. Es el fenómeno “Fuente Ovejuna”.
Incluso los prejuicios personales de raza, de clase o de religión y los comportamientos que de ellos emanan, pertenecen a la participación en una Consciencia colectiva.
Una de las funciones de un fenómeno tan universal antropológicamente ncesario como es la Fiesta consiste precisamente que nos libera de los límites de nuestra individualidad y nos revincula en una consciencia recuperada de colectividad.
Hasta la próxima semana, amigos.